Al iniciarse el Periodo Especial las tierras en explotación por empresas estatales en Cuba alcanzaban el 75 % del suelo cultivable, mientras la propiedad cooperativa sólo llegaba al 10 % y los campesinos individuales poseían el 15 % restante, pero en septiembre de 1993 el Estado cubano adoptó la decisión de crear las Unidades Básicas de Producción Cooperativas (UBPC) y la mayoría de las tierras de propiedad estatal fueron entregadas en usufructo indefinido a familias campesinas, mientras el Estado les vendía los medios de producción en propiedad cooperativa. Que decenas de miles de nuevos propietarios, de forma cooperativa, surgían en los campos cubanos y 1996 las UBPC poseían en usufructo el 42% de las tierras cultivables del país y se elevaba esa forma de explotación de la tierra al 52%, mientras las empresas estatales bajaban su participación a sólo el 33% y los campesinos individuales mantenían el 15%.
En breve tiempo ese cambio modificaría sensiblemente las relaciones de producción en el campo y el modo de vida de miles de familias campesinas. Éstas se vinculaban a un pedazo de tierra que las explotaban sin temor a perderlas, pues en la práctica eran como de su propiedad. Esas familias tendrían mayor sentido de pertenecía, más vinculación del hombre y de la mujer a la tierra, mejor alimentación para todos lo integrantes de la cooperativa y en general veían que rápidamente se elevaban sus condiciones de vida. Asimismo en poco tiempo se vieron los resultados positivos en la agricultura cubana; que tan importante papel jugaría para aliviar la gran penuria por la que atravesaba nuestro pueblo en los años más duros del Periodo Especial. Debemos recordar que hubo momentos que era muy difícil encontrar qué comprar para comer, fuera de la cuota normada a través de la libreta de abastecimientos.
Por otra parte, el 19 de septiembre de 1994 el Consejo de Estado promulgó el Decreto No 91 que establecía la autorización para la venta de productos agropecuarios en el llamado mercado libre campesino. A estos nuevos mercados podían acudir con sus excedentes de producción los campesinos individuales y las cooperativas después de cumplir sus planes con el acopio estatal. En poco tiempo aparecían en el mercado libre campesino productos desaparecidos por años de los mercados estatales y la gente pagaba el precio que sus vendedores solicitaban. Sin dudas era una nueva era en las relaciones mercantiles entre productores y compradores que fue y ha sido muy polémica, pero que el pueblo la aprecia aunque tenga que pagar precios más altos. El principio básico era que fuesen los propios productores al mercado a vender sus productos.
En Ciudad de La Habana fue donde más florecieron estos mercados, pues a la capital concurrían suministradores de diversos lugares del territorio nacional. Paralelamente en la capital también comenzaron a surgir los llamados puntos de venta auspiciados por las cooperativas, que era una alternativa también muy apreciada por la población y que hasta cierto punto competía con los vendedores del mercado agropecuario de oferta y demanda (el mercado campesino) y propiciaba que los precios en éstos no fuesen tan excesivamente elevados como en los primeros tiempos y como ocurre en la actualidad.
Posteriormente dos nuevos acontecimientos han motivado un incremento notable en la producción agrícola destinada al consumo de la población. Primero, la drástica reducción de las áreas destinadas al cultivo de caña y a su vez convertidas a la producción de cultivos varios y a la ganadería en todas sus formas. Segundo, la decisión del Estado cubano de entregar tierras ociosas en usufructo indefinido a cientos de miles de familias para que las cultiven individualmente.
Pero el acopio y la comercialización de los productos agropecuarios son un complejo y engorroso trabajo. A los que cultivan la tierra generalmente no les atrae la idea de concurrir directamente al mercado porque eso les afecta su permanencia en el trabajo y además ellos no están habituados al mercadeo que es una labor que requiere dedicación, experiencia y especialización. Son muy pocos los productores que van directamente a vender a los mercados agropecuarios de oferta y demanda y sus excedentes generalmente los venden a intermediarios que en definitiva son los que sacan el mejor provecho en el negocio. Pero se ha visto que el acopio estatal por si solo no puede dar respuesta a la comercialización del incremento sostenido que ha habido en Cuba en la producción agropecuaria y eso explica el por qué en los últimos años surgieron otras formas de acopio y venta a lo largo y ancho del país.
También en la práctica se ha demostrado que con la participación directa de los campesinos individuales y de las cooperativas en el acopio y venta de sus producciones en ferias y en los puntos de venta en la ciudad de La Habana y en otros territorios, se puede mejorar sensiblemente el abastecimiento y contrarrestar los precios excesivamente altos que se establecen en los mercados agropecuarios de oferta y demanda, fundamentalmente en nuestra capital. Esos precios no se forman por el libre movimiento de oferta y demanda sino que los vendedores agrupados en un solo lugar se ponen de acuerdo cada día para fijar los precios a los productos y así obtener ganancias extraordinarias de forma especulativa.
Pienso que se debe establecer que las CCS, las CPA y las UBPC de todo el país, después de cumplir sus compromisos con el acopio estatal, puedan vender directamente en Ciudad de La Habana y otras provincias sus excedentes de cosechas en puntos de venta, mercados estatales y de oferta y demanda utilizando directamente trabajadores de las cooperativas u otros no vinculados laboralmente a las mismas. Estos últimos deberán ser autorizados como trabajadores por cuenta propia; permitirles obtener las licencias correspondientes, exigirles el pago de impuestos, el cumplimiento de las normas sanitarias y demás regulaciones estatales para ejercer esa actividad, como un trabajo útil a nuestra sociedad y una forma viable de sumar gente joven en labores relacionadas con el agro cubano.
En fin, considero que se deberán poner en marcha acciones inmediatas encaminadas a dar confianza a los productores del campo de que se les van a acopiar todas sus cosechas para incrementar el suministro de viandas, frutas frescas, vegetales, hortalizas y productos cárnicos a la capital y a otros territorios donde haya también localmente demanda para los mismos. De ese modo no será sólo a través de los mercados agropecuarios de oferta y demanda donde ellos puedan vender una amplia gama de esos productos que; por supuesto, aprovechando las circunstancias, los intermediarios que venden en esos mercados lo hacen a precios excesivamente altos. De ningún modo este criterio deberá interpretarse que abogo por cerrar los mercados agropecuarios de oferta y demanda, todo lo contrario, pienso que como paso inmediato en el caso específico de Ciudad de La Habana el gobierno de la capital debería reabrir los que se cerraron hace un tiempo atrás, unido a la puesta en marcha de las medidas para incrementar la comercialización de esos rubros a través de los puntos de venta de las cooperativas y los mercados estatales.
lunes, 18 de enero de 2010
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