El viernes 21 de octubre el periódico
Granma publicó un artículo donde se hace un análisis de los prejuicios que
causan a nuestra economía y a los productores agropecuarios, el hurto y sacrificio
ilegal de ganado mayor. Considero que el problema fundamental radica en la
ausencia de oferta liberada de carne de res accesible a toda la población en un
mercado habitual, por las prohibiciones existentes y la falta de estímulo a los
campesinos para la cría y tenencia de ganado mayor. El que cría un ternero no
lo puede sacrificar ni para vender, ni comer en familia. Lo utiliza o vende
como animal de trabajo o se lo vende al Estado.
Él nunca será su verdadero dueño y lo tiene que cuidar día y noche
porque si se lo roban tiene que pagar una multa en el mejor de los casos.
Luego, ¿Qué interés puede tener un pequeño agricultor en cuidar y criar un
ternero durante dos o tres años hasta que llegue a su edad comercial? Más bien
es una carga, porque le crea serios problemas. Por todas esas razones a los
campesinos les es mucho más atractivo y seguro ciar cerdos para vender, que
criar añojos. Además hoy día a los precios actuales de venta al Estado un cerdo
de doscientas libras que se cría en seis meses, vale igual que un añojo de
seiscientas libras que se cría en dos años.
Recordemos lo que ocurrió con la
carne de cerdo. En 1994 era prácticamente imposible comprar carne de cerdo, a
ningún precio, en ningún territorio cubano.
Se liberó su venta y ahora usted la puede comprar todos los días en
todos los pueblos del país, incluyendo la capital, y a precios asequibles para
una gran parte de la población. El dueño de un cerdo lo vende en pie, lo sacrifica para vender como carne fresca o
comer en su casa, o lo regala. Él es su verdadero dueño.
Pienso que para eliminar de raíz
las causas que originan esos daños a la economía y a la población, se requiere de drásticas medidas en cuanto a
la tenencia de ganado mayor y su comercialización, es decir, restituir el
derecho de propiedad sobre su rebaño a los productores de ganado vacuno y que puedan
hacer lo que quieran con su ganado y que la carne de res pueda ser vendida
libremente en los mercado del mismo modo que la carne de cerdo y la de
carnero.
Ramón Pérez Carera