La solución de los problemas de la economía cubana no se logrará de la noche a la mañana, ni con recetas mágicas; pero creo, que ante todo, hay que poner a producir la tierra cultivable por todos los medios posibles. Pienso que como primer paso se deberá repartir tierras a todo el que esté dispuesto a trabajarla y, en su caso, ampliar las fincas existentes a quienes lo deseen. Sobre todo a gente joven.
Ofrecer a los interesados fincas hasta el máximo de cinco caballerías que permite la Segunda Ley de Reforma Agraria. Creo que tampoco el éxito se lograría llenado de “pequeñas finiquitas” el país para que subsistan el dueño y su familia. Hay llenar el país de excelentes fincas productivas. Que no se persiga a los campesinos que hagan mucho dinero, siempre que sea lícito, como se ha hecho en algunas ocasiones.
Se deberá crear un movimiento de captación de hombres y mujeres jóvenes dispuestos a residir y trabajar en el campo, a los que se les capacite y se les ofrezcan todas las condiciones para trabajar la tierra.
Será imprescindible crear la Asociación Nacional de Distribuidores y Comerciantes de Productos Agropecuarios, con las mismas prerrogativas, organización, deberes y derechos que tienen los miembros de la ANAP. Qué estos trabajadores sean los que organicen todo el complejo y engorroso trabajo de comprar al campesino y vender los productos en cualquier parte del territorio nacional; a través de cooperativas o a modo personal, sin interferencias estatales. Qué el Estado les exija pertenecer a la Asociación, cumplir las obligaciones sanitarias y pagar los impuestos correspondientes. Este es un trabajo que requiere mucha dedicación, experiencia y especialización.
A los que cultivan la tierra, que se les deje cumplir el importante papel de producir y que concurran al mercado, sólo cuando ellos quieran también hacerlo, para lo cual deberán ser miembros, además de la ANAP, de esta nueva Asociación y cumplir las obligaciones con el Estado.
Ya es tiempo de dejar de llamar a estos distribuidores y comerciantes peyorativamente con el sobrenombre de “intermediarios innecesarios”. Este es un trabajo útil e imprescindible a la sociedad y lo que debiéramos hacer es reconocerlo como tal. Sin su trabajo el éxito productivo se pierde irremediablemente. Los productos deben fluir rápidamente y a precios según la productividad y resultados de los mejores productores, quienes marcarán la pauta. Además hay que añadir, no restar, a todos estos trabajadores al carro de la Revolución, y que en su mayoría son jóvenes calificados.
No habrá desarrollo en la agricultura si no se promueve la venta de medios de producción modernos a los campesinos individuales y a las cooperativas, así como a los distribuidores y comerciantes de esas producciones: Tractores, maquinarias de cultivo, fumigadoras, generadores de electricidad, camiones, autos rurales, equipos de riego, aperos de labranza, fertilizantes, ropa y zapatos, etc. Para ello deberán recibir créditos en moneda nacional y en divisas (mientras existan las dos monedas), a ser cobrados con los ingresos de las cosechas. Ahora la mayor parte de los fertilizantes, combustibles, herramientas y otros medios vitales para la producción agropecuaria son extremadamente deficitarios en los campos (y excesivamente caros) y los campesinos los compran fundamentalmente en el mercado negro, a quienes los sustraen del Estado.
Los medios de trabajo a los campesinos se deben ofrecer al precio internacional, más los gastos comerciales y el margen de ganancia del importador y del distribuidor nacional, sin recargo adicional alguno por parte del Estado. Esto último se vería como el estímulo estatal al desarrollo de la agricultura. Para hacer viable la realización de esta colosal tarea, el Gobierno deberá incluir la participación del Banco Central de Cuba y en su caso la de capital extranjero, y que sean los propios campesinos quienes con su trabajo provean los fondos para pagar el financiamiento extranjero, sustituyendo importaciones o incrementando las exportaciones.
Pienso que para lograr mecanismos adecuados y contar con capital extranjero debe pensarse en crear una empresa mixta que funcione como un banco para el desarrollo agropecuario. Esto no quiere decir que no haya negocios independientes, sino que en ésta se generalizaría todo lo que no se logre con negocios específicos, y requiera financiamiento externo, sin en el cual, por supuesto, nada de lo dicho se logrará en el mediano y corto plazos, como requiere urgentemente la economía cubana.
Ramón Pérez Cabrera
Marzo, 2008
martes, 13 de julio de 2010
Venta de carne de res en Cuba
Uno de los artículos más deficitarios, por no decir ausente, de la cocina cubana en la actualidad lo constituye la carne de res. No sucede lo mismo con la carne de cerdo que su abastecimiento a los mercados ha ido aumentando paulatinamente. Pero en 1994 era prácticamente imposible comprar carne de cerdo, a ningún precio. Se liberó su venta y ahora usted puede comprarla todos los días en todos los pueblos del país, incluyendo la capital. Se daba el caso, según un reporte periodístico de hace pocos días, que en Pinar del Río ya no hay capacidad de elaboración de carne de cerdo para asimilar todo lo que producen los campesinos, y a éstos el acopio estatal, les retrasa la compra de sus cerdos cebados.
Pienso que existen dos factores importantes que motivan esa disyuntiva. Uno es económico, pues a los productores les es mucho más rentable producir un cerdo para la venta que un torete. El otro, no menos importante, obedece a las medidas restrictivas vigentes en cuanto a la venta y sacrificio del ganado mayor que afectan a todos los productores del país. Veamos algunos ejemplos.
Un lechón alcanza su óptimo crecimiento para la venta con buena alimentación en la tercera parte del tiempo que un torete. Paradójicamente, a los precios oficiales actuales, ambos se venden en pie, más o menos por el mismo valor. Se deberá tener en cuenta también que una puerca pare a los tres meses de preñada y una vaca a los nueve meses; mientras la primera puede parir, como promedio, de ocho a diez lechones y la vaca regularmente un sólo ternero. Excepcionalmente dos, cuando pare jimaguas.
El dueño del lechón lo vende en pie, lo sacrifica para vender como carne fresca o comer en su casa, o lo regala. Él es su verdadero dueño. El que cría el ternero no lo puede sacrificar; ni para vender, ni comer en familia. Lo utiliza o vende como animal de trabajo o se lo vende al Estado. Él nunca será su verdadero dueño y lo tiene que cuidar día y noche porque si se lo roban, cosa que ocurre a menudo, tiene que pagar una multa, en el mejor de los casos. Luego, ¿Qué interés puede tener un productor en criar un ternero? Más bien es una carga, porque le crea serios problemas. Acabo de hablar con un campesino que vive en Camagüey. Tiene caballería y media de tierra. Vendió recientemente ganado vacuno por 35000 pesos y me dijo: “Que va… esto da mucho trabajo, ahora hice un convenio para criar puercos, que me los echo al hombro y hago con ellos lo que me dé la gana”.
Pienso que mientras no se estimulen adecuadamente a los productores de ganado vacuno y se eroguen las actuales restricciones a éstos en cuanto al sacrificio y venta del mismo, no comenzará el camino para llegar a un abastecimiento normal de carne de res a toda la población, y hasta cierto punto, a precios asequibles.
Ahora se venden algunas cantidades de carne de res de contrabando y la gente, por lo general, protege a los contrabandistas y, salvo excepciones, no los denuncian. En las tiendas de divisas los precios de la carne, de todos los cortes, están fuera del alcance de la gran mayoría del pueblo, incluso de la gente de mejor posesión económica. La carne de res en estas tiendas la compran fundamentalmente los diplomáticos y los extranjeros residentes en Cuba.
Por otra parte, esta prohibición crea un permanente estado de tensión en quienes producen los vacunos; pues constituyen importantes fuentes de delitos, donde los principales involucrados son los propios productores.
Ramón Pérez Cabrera
Abril, 2008
Pienso que existen dos factores importantes que motivan esa disyuntiva. Uno es económico, pues a los productores les es mucho más rentable producir un cerdo para la venta que un torete. El otro, no menos importante, obedece a las medidas restrictivas vigentes en cuanto a la venta y sacrificio del ganado mayor que afectan a todos los productores del país. Veamos algunos ejemplos.
Un lechón alcanza su óptimo crecimiento para la venta con buena alimentación en la tercera parte del tiempo que un torete. Paradójicamente, a los precios oficiales actuales, ambos se venden en pie, más o menos por el mismo valor. Se deberá tener en cuenta también que una puerca pare a los tres meses de preñada y una vaca a los nueve meses; mientras la primera puede parir, como promedio, de ocho a diez lechones y la vaca regularmente un sólo ternero. Excepcionalmente dos, cuando pare jimaguas.
El dueño del lechón lo vende en pie, lo sacrifica para vender como carne fresca o comer en su casa, o lo regala. Él es su verdadero dueño. El que cría el ternero no lo puede sacrificar; ni para vender, ni comer en familia. Lo utiliza o vende como animal de trabajo o se lo vende al Estado. Él nunca será su verdadero dueño y lo tiene que cuidar día y noche porque si se lo roban, cosa que ocurre a menudo, tiene que pagar una multa, en el mejor de los casos. Luego, ¿Qué interés puede tener un productor en criar un ternero? Más bien es una carga, porque le crea serios problemas. Acabo de hablar con un campesino que vive en Camagüey. Tiene caballería y media de tierra. Vendió recientemente ganado vacuno por 35000 pesos y me dijo: “Que va… esto da mucho trabajo, ahora hice un convenio para criar puercos, que me los echo al hombro y hago con ellos lo que me dé la gana”.
Pienso que mientras no se estimulen adecuadamente a los productores de ganado vacuno y se eroguen las actuales restricciones a éstos en cuanto al sacrificio y venta del mismo, no comenzará el camino para llegar a un abastecimiento normal de carne de res a toda la población, y hasta cierto punto, a precios asequibles.
Ahora se venden algunas cantidades de carne de res de contrabando y la gente, por lo general, protege a los contrabandistas y, salvo excepciones, no los denuncian. En las tiendas de divisas los precios de la carne, de todos los cortes, están fuera del alcance de la gran mayoría del pueblo, incluso de la gente de mejor posesión económica. La carne de res en estas tiendas la compran fundamentalmente los diplomáticos y los extranjeros residentes en Cuba.
Por otra parte, esta prohibición crea un permanente estado de tensión en quienes producen los vacunos; pues constituyen importantes fuentes de delitos, donde los principales involucrados son los propios productores.
Ramón Pérez Cabrera
Abril, 2008
Precios al consumidor en Cuba
En las llamadas tiendas de recuperación de divisas en Cuba, en constante ascenso, la mayoría de los artículos de primera necesidad se venden a precios comparativamente altos, fuera del alcance de la mayoría de la población cubana. Paradójicamente hoy día las tiendas de divisas se han convertido en el paño de lágrimas de las familias cubanas, para resolver sus apremiantes necesidades de alimentos complementarios a la cuota asignada en el racionamiento, todavía vigente, y otros para el hogar: detergentes, jabones, desodorantes, artículos de ferretería, etc.
El problema radica en que a los artículos que se venden en estas tiendas (las shoping como les llama el pueblo), se les multiplica por una tasa fija de recargo estatal que generalmente duplica al precio minorista fijado por el distribuidor. Entonces ese es el precio al consumidor.
Pero la demanda de los bienes de primera necesidad, escasamente satisfecha en Cuba, suele ser muy elástica al precio. De un artículo de igual calidad que otro, a menor precio se vende mayor cantidad y por supuesto, a mayor precio se vende menos. Si tenemos en cuenta que la masa de ganancia está en función de la cantidad y el precio, entonces podemos asumir que a mayor cantidad vendida mayor masa de ganancia, aunque el precio sea menor. Esto en términos económicos quiere decir que, como tendencia, en el mercado existe un equilibrio entre la demanda solvente de la población, precios al consumidor y volumen de ventas que ofrece una determinada masa de ganancia, y esta ultima tiende a ser similar para el distribuidor, sin necesidad de alterar drásticamente ninguno de los dos últimos factores, pues en definitiva quien la regula es la demanda solvente de la población (volumen de dinero disponible).
Por tanto, si en vez de gravar con una tasa de recargo tan alta al precio minorista fijado por el distribuidor, se incrementara la venta los artículos, el beneficio podría ser similar para las empresas estatales y entonces se podría aliviar mucho más las penurias del pueblo, porque los productos se realizarían más rápidamente en el mercado y, como es lógico, el consumidor recibiría mayores cantidades de productos con el mismo dinero. Son miles y miles las personas las que compran día a día en las shoping a lo largo y ancho del país. Nadie piense que eso es exclusivo para algunas gentes privilegiadas. Eso hace mucho tiempo que terminó en Cuba.
Hoy día toda la divisa que cae en manos de los cubanos, ya sea por estímulos laborales o productivos, remesas familiares u otras fuentes, van en su inmensa mayoría a parar a las tiendas de recuperación de divisas, en la compra de artículos de primera necesidad. La gente cuenta centavo a centavo lo que tiene y todo lo gasta. Puede haber excepciones, no lo niego. Pienso que quizás la mayoría de muchos de estos productos lo que deberían es estar exentos de ese recargo estatal y entonces el pueblo consumiría mucho más y al final, las ganancias del Estado serían similares.
Ramón pérez Cabrera
Abril, 2007
El problema radica en que a los artículos que se venden en estas tiendas (las shoping como les llama el pueblo), se les multiplica por una tasa fija de recargo estatal que generalmente duplica al precio minorista fijado por el distribuidor. Entonces ese es el precio al consumidor.
Pero la demanda de los bienes de primera necesidad, escasamente satisfecha en Cuba, suele ser muy elástica al precio. De un artículo de igual calidad que otro, a menor precio se vende mayor cantidad y por supuesto, a mayor precio se vende menos. Si tenemos en cuenta que la masa de ganancia está en función de la cantidad y el precio, entonces podemos asumir que a mayor cantidad vendida mayor masa de ganancia, aunque el precio sea menor. Esto en términos económicos quiere decir que, como tendencia, en el mercado existe un equilibrio entre la demanda solvente de la población, precios al consumidor y volumen de ventas que ofrece una determinada masa de ganancia, y esta ultima tiende a ser similar para el distribuidor, sin necesidad de alterar drásticamente ninguno de los dos últimos factores, pues en definitiva quien la regula es la demanda solvente de la población (volumen de dinero disponible).
Por tanto, si en vez de gravar con una tasa de recargo tan alta al precio minorista fijado por el distribuidor, se incrementara la venta los artículos, el beneficio podría ser similar para las empresas estatales y entonces se podría aliviar mucho más las penurias del pueblo, porque los productos se realizarían más rápidamente en el mercado y, como es lógico, el consumidor recibiría mayores cantidades de productos con el mismo dinero. Son miles y miles las personas las que compran día a día en las shoping a lo largo y ancho del país. Nadie piense que eso es exclusivo para algunas gentes privilegiadas. Eso hace mucho tiempo que terminó en Cuba.
Hoy día toda la divisa que cae en manos de los cubanos, ya sea por estímulos laborales o productivos, remesas familiares u otras fuentes, van en su inmensa mayoría a parar a las tiendas de recuperación de divisas, en la compra de artículos de primera necesidad. La gente cuenta centavo a centavo lo que tiene y todo lo gasta. Puede haber excepciones, no lo niego. Pienso que quizás la mayoría de muchos de estos productos lo que deberían es estar exentos de ese recargo estatal y entonces el pueblo consumiría mucho más y al final, las ganancias del Estado serían similares.
Ramón pérez Cabrera
Abril, 2007
Sustitución de importaciones e Inversión extranjera en Cuba
La sustitución de importaciones puede generar el mismo efecto positivo en la balanza de pagos que el de los ingresos por exportaciones. Sin embargo, no se puede perder de vista que cualquier desarrollo importante de un programa amplio de sustitución de importaciones necesitaría de fuertes inversiones en maquinarias y equipos importados y generalmente de suficiente capital de trabajo en divisas para comprar en el mercado exterior materias primas, materiales, herramientas, repuestos, etc., requeridos para cada producto. Por ello pienso que para el desarrollo sostenido y efectivo de la sustitución de importaciones se requiere de la participación de capital extranjero en muchos de los casos, para que el socio foráneo aporte tecnología y capital (dinero).
La disyuntiva radica en qué ramas y productos podrá invertir el socio foráneo para que su dinero lo recupere en un periodo de tiempo lógico y le dé ganancias atractivas, a partir de ese momento. Luego, una premisa sería que el tiempo de asociación sea lo suficientemente largo, como para que el negocio pueda cubrir ambas perspectivas.
No podemos pasar por alto el tema de la competitividad (eficiencia) de la sustitución de importaciones. Esto es; si el costo en divisas de un artículo, hechos todos los cálculos, es igual o menor al de importar el producto elaborado. En este sentido debemos tener en cuenta que sólo produciendo dicho artículo se perfeccionará la producción, se obtendrá destreza laboral y se incrementará la eficiencia y, como consecuencia, nuestras empresas socialistas podrían ser más competitivas.
Pienso que las inversiones extranjeras pudieran encaminarse hacia el desarrollo de la producción de algunos rubros que tendrían un importante papel en la sustitución de las importaciones en que se hace la mayor erogación de divisas en el país, como es el caso de la leche en polvo, el queso, la carne fresca de ave, el pecado congelado, el arroz, el maíz y la soja. Estos dos últimos fundamentalmente para el consumo animal.
Otro ejemplo importante sería la cría de peces de agua dulce, de forma intensiva, que pudiera ser una opción muy atractiva no sólo para la sustitución de importaciones de productos sucedáneos, sino también para su exportación como pescado fresco, con una gran demanda en el mercado internacional. Una idea del potencial del mercado cubano en estos rubros, se puede apreciar cuando observamos que en Ciudad de La Habana sólo existen unas veinticinco pescaderías para la venta de pescados frescos liberados a la población; una por cada noventa mil habitantes, aproximadamente. Además hay que añadir que hasta ahora la oferta en estas pescaderías es exigua e inestable.
Dentro de nuestras posibilidades reales, a mi modo de ver, uno de los renglones que pudiera desarrollarse para cumplir la doble función de sustituir importaciones de alimento animal y elaborar alcoholes para diversos usos domésticos, hoy en día insatisfecha su demanda; serían los derivados de la caña de azúcar aprovechando nuestra cultura agrícola e industrial, en estas ramas de la economía. Esto además, unido al desarrollo de otras producciones agrícolas (arroz, frijoles, maíz y soja), pudiera contribuir notablemente a la eliminación del marabú y otras maniguas en miles y miles de hectáreas de buenas tierras.
Actualmente la ropa y el calzado son artículos importados en casi su totalidad. En los Estados Unidos, en Europa y muchos países más, la mayor parte de estos artículos que se venden cotidianamente en su mercado doméstico, son de procedencia China. ¿Cómo lo lograron los chinos? Con enormes inversiones de capital extranjero en las llamadas Zonas de Desarrollo, que fueron los pivotes para el creciente nivel industrial alcanzado en el llamado coloso asiático.
En la sustitución de importaciones de productos alimenticios elaborados algo se ha logrado pero todavía es muy poca la presencia nacional en el mercado. Pienso que además de desarrollar estas producciones, se deberá establecer una política de precios que incline al cliente a comprar los productos domésticos. Actualmente, por ejemplo, se venden más caros los productos que se elaboran por la industria cubana “Río Zaza”, que sus similares importados. Los renglones alimentarios manufacturados podrían ser de gran atracción para la inversión extranjera en Cuba para venderlos dentro de nuestra frontera, pero habría que deshacer algunos esquemas que hasta el presente la ha limitado.
Ramón Pérez Cabrera
Abril, 2008
La disyuntiva radica en qué ramas y productos podrá invertir el socio foráneo para que su dinero lo recupere en un periodo de tiempo lógico y le dé ganancias atractivas, a partir de ese momento. Luego, una premisa sería que el tiempo de asociación sea lo suficientemente largo, como para que el negocio pueda cubrir ambas perspectivas.
No podemos pasar por alto el tema de la competitividad (eficiencia) de la sustitución de importaciones. Esto es; si el costo en divisas de un artículo, hechos todos los cálculos, es igual o menor al de importar el producto elaborado. En este sentido debemos tener en cuenta que sólo produciendo dicho artículo se perfeccionará la producción, se obtendrá destreza laboral y se incrementará la eficiencia y, como consecuencia, nuestras empresas socialistas podrían ser más competitivas.
Pienso que las inversiones extranjeras pudieran encaminarse hacia el desarrollo de la producción de algunos rubros que tendrían un importante papel en la sustitución de las importaciones en que se hace la mayor erogación de divisas en el país, como es el caso de la leche en polvo, el queso, la carne fresca de ave, el pecado congelado, el arroz, el maíz y la soja. Estos dos últimos fundamentalmente para el consumo animal.
Otro ejemplo importante sería la cría de peces de agua dulce, de forma intensiva, que pudiera ser una opción muy atractiva no sólo para la sustitución de importaciones de productos sucedáneos, sino también para su exportación como pescado fresco, con una gran demanda en el mercado internacional. Una idea del potencial del mercado cubano en estos rubros, se puede apreciar cuando observamos que en Ciudad de La Habana sólo existen unas veinticinco pescaderías para la venta de pescados frescos liberados a la población; una por cada noventa mil habitantes, aproximadamente. Además hay que añadir que hasta ahora la oferta en estas pescaderías es exigua e inestable.
Dentro de nuestras posibilidades reales, a mi modo de ver, uno de los renglones que pudiera desarrollarse para cumplir la doble función de sustituir importaciones de alimento animal y elaborar alcoholes para diversos usos domésticos, hoy en día insatisfecha su demanda; serían los derivados de la caña de azúcar aprovechando nuestra cultura agrícola e industrial, en estas ramas de la economía. Esto además, unido al desarrollo de otras producciones agrícolas (arroz, frijoles, maíz y soja), pudiera contribuir notablemente a la eliminación del marabú y otras maniguas en miles y miles de hectáreas de buenas tierras.
Actualmente la ropa y el calzado son artículos importados en casi su totalidad. En los Estados Unidos, en Europa y muchos países más, la mayor parte de estos artículos que se venden cotidianamente en su mercado doméstico, son de procedencia China. ¿Cómo lo lograron los chinos? Con enormes inversiones de capital extranjero en las llamadas Zonas de Desarrollo, que fueron los pivotes para el creciente nivel industrial alcanzado en el llamado coloso asiático.
En la sustitución de importaciones de productos alimenticios elaborados algo se ha logrado pero todavía es muy poca la presencia nacional en el mercado. Pienso que además de desarrollar estas producciones, se deberá establecer una política de precios que incline al cliente a comprar los productos domésticos. Actualmente, por ejemplo, se venden más caros los productos que se elaboran por la industria cubana “Río Zaza”, que sus similares importados. Los renglones alimentarios manufacturados podrían ser de gran atracción para la inversión extranjera en Cuba para venderlos dentro de nuestra frontera, pero habría que deshacer algunos esquemas que hasta el presente la ha limitado.
Ramón Pérez Cabrera
Abril, 2008
Cambios en el funcionamiento del Poder Popular
Con mucho interés he leído la opinión del lector P. Cruz Vento, publicada el viernes 9 de julio de 2010, que trata sobre el funcionamiento de las Asambleas del Poder Popular y los Consejos de Administración, en las instancias en que están constituidos.
Coincido plenamente con el remitente en que es impostergable separar de los llamados Gobierno Municipal y Gobierno Provincial las funciones administrativas actuales; claro está, alguna institución estatal deberá absorberlas. Considero que para ello en este proceso de institucionalización que se lleva adelante por la dirección de la Revolución, se debe crear una organización administrativa que dé respuesta a las apremiantes necesidades de las comunidades en todo el país y que absorba las funciones administrativas de los Consejos de Administración Provincial y Municipal del Poder Popular.
Esa nueva entidad debería ocuparse de la recogida de basura y escombros y otros servicios comunales, reparación y mantenimiento de calles y aceras, atención de cementerios y servicios funerarios, sólo para citar algunos ejemplos. Asumir además las funciones administrativas que actualmente realizan el Ministerio de Salud Pública, la ONAT y los Comités de Defensa de la Revolución, y que atañen a la comunidad, como son: los registros de direcciones, los listados de electores, el cobro de multas administrativas e impuestos y las brigadas de lucha contra vectores y roedores, entre otras. Lógicamente, para ello será necesario crear una “Institución Estatal Nacional de Administración Pública” que dirija y oriente metodológicamente a estas organizaciones comunitarias, tal como lo hacen los demás organismos de la administración central del estado.
Cuando hablo de los servicios a la comunidad no me refiero a la gastronomía, al pan y al dulce, a las bodegas, etc., pues lógicamente la Administración Pública no tiene por qué ocuparse de la actividad de esas producciones y servicios. Tampoco hablo de las llamadas industrias locales. Todas las actividades productivas y los servicios deben estar subordinados a los organismos ramales, que por supuesto deben crear la estructura local correspondiente.
¿Pero acaso un jefe de Gobierno en una localidad debe ser quien dirija la administración de cafeterías, restaurantes, la reparación de equipos electrodomésticos, las barberías, las bodegas, las dulcerías, la repartición de las viviendas, etc.? Todo eso por supuesto, debe desaparecer de la responsabilidad de los órganos de gobiernos municipales y provinciales.
De ese modo las Asambleas Municipales, las Asambleas Provinciales, y la propia Asamblea Nacional del Poder Popular, podrán dedicase por entero a sus funciones de Gobierno sin responsabilidades administrativas en la solución de los problemas cotidianos de la comunidad, ni tendrían bajo su jurisdicción responsabilidad de índole empresarial, de ninguna naturaleza. Dejarán de ser parte y podrían convertirse, como Gobierno, en verdaderos defensores de los intereses del pueblo y de las conquistas de la Revolución. Entonces el Partido no tendrá, como lo hace ahora, que meterse y ejercer constantemente las funciones de Gobierno, para llenar el vacío que dejan éstos en el ámbito local y nacional. Considero además que ello haría más ético y profesional el trabajo del Gobierno, de los delegados, de los diputados y del Partido.
Por otra parte pienso que los delegados de la comunidad, una vez elegidos, deberán ser profesionales y cobrar un adecuado salario que le pague el Gobierno a su nivel, para que ésta vital función del país sea más atractiva y más respetada, y a ella aspiren personas bien preparadas técnica y políticamente. Desde luego, habría que reducir el número de delegados y éstos se elijan al nivel de Consejos Populares, en vez de circunscripción, como es actualmente. Quizás el número aconsejable sea entre uno y tres delegados por Consejo Popular, según el número de habitantes y la complejidad del territorio.
En la comunidad ser propuesto o elegido como precandidato a delegado; no constituye un motivo de alegría para muchos de éstos sino más bien una gran preocupación, pues tendrá que agenciárselas para cumplir con tan importante tarea; además de sus obligaciones como trabajador, estudiante, militar etc. Formalmente el sistema actual parece muy bueno, pero en la práctica se ha visto que cada vez más la gente elude esa responsabilidad; entre otras razones, porque el Delegado generalmente lo que hace es una función de “correa de transmisión” entre los electores y las entidades administrativas y el Gobierno en el Municipio, sin autoridad ni facultad propia. Generalmente la alegría no es cuando te eligen, sino cuando cesas en tus funciones como delegado, para lo cual éstos recurren a diversas artimañas, incluso la de mudarse de dónde han sido reelectos. Tampoco creo que debe ser representante del pueblo quien en la práctica no tenga tiempo, voluntad y aptitud para cumplir el mandato.
Ramón Pérez Cabrera
Avenida 33 No 3011 e 30 y 34
Municipio Playa, Ciudad de la Habana.
Ciudad de La Habana, 11 de julio de 2010
Coincido plenamente con el remitente en que es impostergable separar de los llamados Gobierno Municipal y Gobierno Provincial las funciones administrativas actuales; claro está, alguna institución estatal deberá absorberlas. Considero que para ello en este proceso de institucionalización que se lleva adelante por la dirección de la Revolución, se debe crear una organización administrativa que dé respuesta a las apremiantes necesidades de las comunidades en todo el país y que absorba las funciones administrativas de los Consejos de Administración Provincial y Municipal del Poder Popular.
Esa nueva entidad debería ocuparse de la recogida de basura y escombros y otros servicios comunales, reparación y mantenimiento de calles y aceras, atención de cementerios y servicios funerarios, sólo para citar algunos ejemplos. Asumir además las funciones administrativas que actualmente realizan el Ministerio de Salud Pública, la ONAT y los Comités de Defensa de la Revolución, y que atañen a la comunidad, como son: los registros de direcciones, los listados de electores, el cobro de multas administrativas e impuestos y las brigadas de lucha contra vectores y roedores, entre otras. Lógicamente, para ello será necesario crear una “Institución Estatal Nacional de Administración Pública” que dirija y oriente metodológicamente a estas organizaciones comunitarias, tal como lo hacen los demás organismos de la administración central del estado.
Cuando hablo de los servicios a la comunidad no me refiero a la gastronomía, al pan y al dulce, a las bodegas, etc., pues lógicamente la Administración Pública no tiene por qué ocuparse de la actividad de esas producciones y servicios. Tampoco hablo de las llamadas industrias locales. Todas las actividades productivas y los servicios deben estar subordinados a los organismos ramales, que por supuesto deben crear la estructura local correspondiente.
¿Pero acaso un jefe de Gobierno en una localidad debe ser quien dirija la administración de cafeterías, restaurantes, la reparación de equipos electrodomésticos, las barberías, las bodegas, las dulcerías, la repartición de las viviendas, etc.? Todo eso por supuesto, debe desaparecer de la responsabilidad de los órganos de gobiernos municipales y provinciales.
De ese modo las Asambleas Municipales, las Asambleas Provinciales, y la propia Asamblea Nacional del Poder Popular, podrán dedicase por entero a sus funciones de Gobierno sin responsabilidades administrativas en la solución de los problemas cotidianos de la comunidad, ni tendrían bajo su jurisdicción responsabilidad de índole empresarial, de ninguna naturaleza. Dejarán de ser parte y podrían convertirse, como Gobierno, en verdaderos defensores de los intereses del pueblo y de las conquistas de la Revolución. Entonces el Partido no tendrá, como lo hace ahora, que meterse y ejercer constantemente las funciones de Gobierno, para llenar el vacío que dejan éstos en el ámbito local y nacional. Considero además que ello haría más ético y profesional el trabajo del Gobierno, de los delegados, de los diputados y del Partido.
Por otra parte pienso que los delegados de la comunidad, una vez elegidos, deberán ser profesionales y cobrar un adecuado salario que le pague el Gobierno a su nivel, para que ésta vital función del país sea más atractiva y más respetada, y a ella aspiren personas bien preparadas técnica y políticamente. Desde luego, habría que reducir el número de delegados y éstos se elijan al nivel de Consejos Populares, en vez de circunscripción, como es actualmente. Quizás el número aconsejable sea entre uno y tres delegados por Consejo Popular, según el número de habitantes y la complejidad del territorio.
En la comunidad ser propuesto o elegido como precandidato a delegado; no constituye un motivo de alegría para muchos de éstos sino más bien una gran preocupación, pues tendrá que agenciárselas para cumplir con tan importante tarea; además de sus obligaciones como trabajador, estudiante, militar etc. Formalmente el sistema actual parece muy bueno, pero en la práctica se ha visto que cada vez más la gente elude esa responsabilidad; entre otras razones, porque el Delegado generalmente lo que hace es una función de “correa de transmisión” entre los electores y las entidades administrativas y el Gobierno en el Municipio, sin autoridad ni facultad propia. Generalmente la alegría no es cuando te eligen, sino cuando cesas en tus funciones como delegado, para lo cual éstos recurren a diversas artimañas, incluso la de mudarse de dónde han sido reelectos. Tampoco creo que debe ser representante del pueblo quien en la práctica no tenga tiempo, voluntad y aptitud para cumplir el mandato.
Ramón Pérez Cabrera
Avenida 33 No 3011 e 30 y 34
Municipio Playa, Ciudad de la Habana.
Ciudad de La Habana, 11 de julio de 2010
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)