La solución de los problemas de la economía cubana no se logrará de la noche a la mañana, ni con recetas mágicas; pero creo, que ante todo, hay que poner a producir la tierra cultivable por todos los medios posibles. Pienso que como primer paso se deberá repartir tierras a todo el que esté dispuesto a trabajarla y, en su caso, ampliar las fincas existentes a quienes lo deseen. Sobre todo a gente joven.
Ofrecer a los interesados fincas hasta el máximo de cinco caballerías que permite la Segunda Ley de Reforma Agraria. Creo que tampoco el éxito se lograría llenado de “pequeñas finiquitas” el país para que subsistan el dueño y su familia. Hay llenar el país de excelentes fincas productivas. Que no se persiga a los campesinos que hagan mucho dinero, siempre que sea lícito, como se ha hecho en algunas ocasiones.
Se deberá crear un movimiento de captación de hombres y mujeres jóvenes dispuestos a residir y trabajar en el campo, a los que se les capacite y se les ofrezcan todas las condiciones para trabajar la tierra.
Será imprescindible crear la Asociación Nacional de Distribuidores y Comerciantes de Productos Agropecuarios, con las mismas prerrogativas, organización, deberes y derechos que tienen los miembros de la ANAP. Qué estos trabajadores sean los que organicen todo el complejo y engorroso trabajo de comprar al campesino y vender los productos en cualquier parte del territorio nacional; a través de cooperativas o a modo personal, sin interferencias estatales. Qué el Estado les exija pertenecer a la Asociación, cumplir las obligaciones sanitarias y pagar los impuestos correspondientes. Este es un trabajo que requiere mucha dedicación, experiencia y especialización.
A los que cultivan la tierra, que se les deje cumplir el importante papel de producir y que concurran al mercado, sólo cuando ellos quieran también hacerlo, para lo cual deberán ser miembros, además de la ANAP, de esta nueva Asociación y cumplir las obligaciones con el Estado.
Ya es tiempo de dejar de llamar a estos distribuidores y comerciantes peyorativamente con el sobrenombre de “intermediarios innecesarios”. Este es un trabajo útil e imprescindible a la sociedad y lo que debiéramos hacer es reconocerlo como tal. Sin su trabajo el éxito productivo se pierde irremediablemente. Los productos deben fluir rápidamente y a precios según la productividad y resultados de los mejores productores, quienes marcarán la pauta. Además hay que añadir, no restar, a todos estos trabajadores al carro de la Revolución, y que en su mayoría son jóvenes calificados.
No habrá desarrollo en la agricultura si no se promueve la venta de medios de producción modernos a los campesinos individuales y a las cooperativas, así como a los distribuidores y comerciantes de esas producciones: Tractores, maquinarias de cultivo, fumigadoras, generadores de electricidad, camiones, autos rurales, equipos de riego, aperos de labranza, fertilizantes, ropa y zapatos, etc. Para ello deberán recibir créditos en moneda nacional y en divisas (mientras existan las dos monedas), a ser cobrados con los ingresos de las cosechas. Ahora la mayor parte de los fertilizantes, combustibles, herramientas y otros medios vitales para la producción agropecuaria son extremadamente deficitarios en los campos (y excesivamente caros) y los campesinos los compran fundamentalmente en el mercado negro, a quienes los sustraen del Estado.
Los medios de trabajo a los campesinos se deben ofrecer al precio internacional, más los gastos comerciales y el margen de ganancia del importador y del distribuidor nacional, sin recargo adicional alguno por parte del Estado. Esto último se vería como el estímulo estatal al desarrollo de la agricultura. Para hacer viable la realización de esta colosal tarea, el Gobierno deberá incluir la participación del Banco Central de Cuba y en su caso la de capital extranjero, y que sean los propios campesinos quienes con su trabajo provean los fondos para pagar el financiamiento extranjero, sustituyendo importaciones o incrementando las exportaciones.
Pienso que para lograr mecanismos adecuados y contar con capital extranjero debe pensarse en crear una empresa mixta que funcione como un banco para el desarrollo agropecuario. Esto no quiere decir que no haya negocios independientes, sino que en ésta se generalizaría todo lo que no se logre con negocios específicos, y requiera financiamiento externo, sin en el cual, por supuesto, nada de lo dicho se logrará en el mediano y corto plazos, como requiere urgentemente la economía cubana.
Ramón Pérez Cabrera
Marzo, 2008
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