martes, 13 de julio de 2010

Sustitución de importaciones e Inversión extranjera en Cuba

La sustitución de importaciones puede generar el mismo efecto positivo en la balanza de pagos que el de los ingresos por exportaciones. Sin embargo, no se puede perder de vista que cualquier desarrollo importante de un programa amplio de sustitución de importaciones necesitaría de fuertes inversiones en maquinarias y equipos importados y generalmente de suficiente capital de trabajo en divisas para comprar en el mercado exterior materias primas, materiales, herramientas, repuestos, etc., requeridos para cada producto. Por ello pienso que para el desarrollo sostenido y efectivo de la sustitución de importaciones se requiere de la participación de capital extranjero en muchos de los casos, para que el socio foráneo aporte tecnología y capital (dinero).

La disyuntiva radica en qué ramas y productos podrá invertir el socio foráneo para que su dinero lo recupere en un periodo de tiempo lógico y le dé ganancias atractivas, a partir de ese momento. Luego, una premisa sería que el tiempo de asociación sea lo suficientemente largo, como para que el negocio pueda cubrir ambas perspectivas.

No podemos pasar por alto el tema de la competitividad (eficiencia) de la sustitución de importaciones. Esto es; si el costo en divisas de un artículo, hechos todos los cálculos, es igual o menor al de importar el producto elaborado. En este sentido debemos tener en cuenta que sólo produciendo dicho artículo se perfeccionará la producción, se obtendrá destreza laboral y se incrementará la eficiencia y, como consecuencia, nuestras empresas socialistas podrían ser más competitivas.

Pienso que las inversiones extranjeras pudieran encaminarse hacia el desarrollo de la producción de algunos rubros que tendrían un importante papel en la sustitución de las importaciones en que se hace la mayor erogación de divisas en el país, como es el caso de la leche en polvo, el queso, la carne fresca de ave, el pecado congelado, el arroz, el maíz y la soja. Estos dos últimos fundamentalmente para el consumo animal.

Otro ejemplo importante sería la cría de peces de agua dulce, de forma intensiva, que pudiera ser una opción muy atractiva no sólo para la sustitución de importaciones de productos sucedáneos, sino también para su exportación como pescado fresco, con una gran demanda en el mercado internacional. Una idea del potencial del mercado cubano en estos rubros, se puede apreciar cuando observamos que en Ciudad de La Habana sólo existen unas veinticinco pescaderías para la venta de pescados frescos liberados a la población; una por cada noventa mil habitantes, aproximadamente. Además hay que añadir que hasta ahora la oferta en estas pescaderías es exigua e inestable.

Dentro de nuestras posibilidades reales, a mi modo de ver, uno de los renglones que pudiera desarrollarse para cumplir la doble función de sustituir importaciones de alimento animal y elaborar alcoholes para diversos usos domésticos, hoy en día insatisfecha su demanda; serían los derivados de la caña de azúcar aprovechando nuestra cultura agrícola e industrial, en estas ramas de la economía. Esto además, unido al desarrollo de otras producciones agrícolas (arroz, frijoles, maíz y soja), pudiera contribuir notablemente a la eliminación del marabú y otras maniguas en miles y miles de hectáreas de buenas tierras.

Actualmente la ropa y el calzado son artículos importados en casi su totalidad. En los Estados Unidos, en Europa y muchos países más, la mayor parte de estos artículos que se venden cotidianamente en su mercado doméstico, son de procedencia China. ¿Cómo lo lograron los chinos? Con enormes inversiones de capital extranjero en las llamadas Zonas de Desarrollo, que fueron los pivotes para el creciente nivel industrial alcanzado en el llamado coloso asiático.

En la sustitución de importaciones de productos alimenticios elaborados algo se ha logrado pero todavía es muy poca la presencia nacional en el mercado. Pienso que además de desarrollar estas producciones, se deberá establecer una política de precios que incline al cliente a comprar los productos domésticos. Actualmente, por ejemplo, se venden más caros los productos que se elaboran por la industria cubana “Río Zaza”, que sus similares importados. Los renglones alimentarios manufacturados podrían ser de gran atracción para la inversión extranjera en Cuba para venderlos dentro de nuestra frontera, pero habría que deshacer algunos esquemas que hasta el presente la ha limitado.

Ramón Pérez Cabrera
Abril, 2008

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